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Cuando María Estuardo, la nieta del Rey Jacobo IV de Escocia, llevó el juego a Francia en el siglo XVI, sus ayudantes en el campo eran conocidos como “cadets” (alumnos), término que posteriormente se adoptó en Escocia e Inglaterra para referirse a los actuales caddies.

Aún cuando muchos piensan que sólo son los encargados de llevar los palos de los jugadores de golf, un caddie es ciertamente mucho más que eso.

La relación caddie-jugador debe estar firmemente marcada por la confianza, pues una buena performance en el juego se debe en buena medida a la labor desempeñada por este asistentes que mucha veces desempeña un papel de sicólogo del jugador, y que sumado a su destacada habilidad para leer y anticipar los juegos, lo convierte en pieza clave en los campos de juego.

Aparte de ser necesarias estupendas condiciones físicas para llevar bolsas de más de 25 kilos durante 5 o más horas, el caddie es el responsable de mantener el equipo en perfectas condiciones de operatividad y limpieza, listo para usarse en los momentos requeridos.

Realiza las mediciones oportunas para brindar los datos correctos a su asistido, se informa de la posición de la bandera, situación de los obstáculos, fuerza y dirección del viento, en fin, todos los datos que el jugador necesitará para llevar su juego al mejor destino posible.

Pero sin lugar a dudas, su función más importante se desarrolla cuando le brinda a su jugador la confianza necesaria para lograr un buen juego, haciendo por ello las veces de sicólogo y entrenador al mismo tiempo.

Se sabe por ejemplo que el caddie de Jack Nicklaus llamado Angelo Argea, quien comenzó a trabajar con él desde 1963, estuvo a su lado durante 20 años logrando ganar más de 40 torneos como el US Open, el British Open y el PGA. Y cuando alguien le preguntó que era exactamente lo que hacía para él, contestó: “Sólo me pide que le recuerde un par de veces durante el partido que es el mejor jugador del mundo”.

Hay que conocer mucho de golf para ser caddie si se quiere destacar en las actuales competencias profesionales, y de ello tenemos el ejemplo de Ben Hogan y de Arnold Palmer quienes durante su juventud se desempeñaron como tales.

Un caddie crece con su jugador y ciertamente su billetera crecerá junto a la de él. ¿Se imaginan cuánto debe ganar Steve Williams, el caddie de Tiger Woods, o cuánto habrán percibido Tom Thorpe o Lance Bennett, los de Lorena Ochoa?

Fuente: Gonzalo Fernández Castaño

Foto: PCA World Wide

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